La sunamita

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2 Reyes 4:8-37; 8:1-6

Su espíritu hospitalario (4:8-11).

Eliseo por su trabajo de profeta tenía que viajar mucho, ya fuera para ministrar a las personas o a enseñar en escuelas de profetas. Él tenía su casa en el monte Carmelo (v.25).

Sunem era una ciudad de Isacar, estaba a unos 30 ó 35 Km. del monte Carmelo.

Allí vivía una mujer importante, una gran mujer en riquezas, benevolencia, piedad, hospitalaria. Esto era lo que le hacía ser una mujer importante o grande. Estaba casada pero no tenía hijos y su marido era más viejo que ella (v.14).

Lo que más destaca en estos primeros versículos es su hospitalidad: ¿qué es ser hospitalarios? Es mostrar amistad a los extraños, no a los conocidos. Ya sabéis que en el Nuevo Testamento se nos exhorta a ser hospitalarios. ¿Lo eres? ¿O tienes tu casa como si fuera un castillo, que no puede pasar nadie? Tenemos que tener hogares abiertos al servicio del
Señor.

¿En qué se muestra que era hospitalaria? Invitaba a Eliseo insistentemente: insistir, importunar con repetición y tenacidad por el logro de algo. Le invitaba a comer y a quedarse cuando pasara por allí. Ella con el tiempo y conforme iba conociendo a Eliseo, se dio cuenta que era “un varón santo de Dios”. Era un hombre que se veía y se mostraba con su comportamiento y sus palabras que era santo, apartado para Dios y su servicio. Ella quería ir un paso más allá, y le sugirió a su marido hacerle una habitación para que se quedara cuando y cuanto quisiera. Es muy bueno tener una habitación de invitados, con lo más
básico. Ella tomó la iniciativa y se lo contó a su marido, y así lo hicieron.

Su espíritu de contentamiento (4:12-13).

De alguna manera Eliseo quería agradecer y recompensar a esta mujer por su hospitalidad y generosidad, y le ofrece hablar al rey o al general, a gente de influencia por si necesita algo. La respuesta de ella fue directa y sencilla. Estaba feliz y contenta con lo que tenía y no quería favores de nadie. ¡Qué lección tenemos aquí! El contentamiento (1 Timoteo 6:6-10), darse por contento cualquiera que sea la situación.

¿Tenemos esta actitud de contentarnos, o estamos siempre con quejas por el trabajo, la salud, la familia et.?

Su recompensa por su servicio (4:14-17).

El criado de Eliseo, Giezi, le dice que no tiene hijos y que su marido es viejo, quizás las posibilidades de quedarse embarazada eran prácticamente nulas. Por lo tanto, Eliseo quiere agradecerle su hospitalidad con hechos concretos y lo hace prometiéndole un hijo para el año que viene (v.16). Ella casi no se lo cree, se piensa que se burla de ella.

Creo que podemos sacar otra lección de esto. ¿Cómo expresamos nuestra gratitud a Dios y a las personas? Que digan ideas. Acordaros de los 10 leprosos sanados por el Señor, sólo uno volvió a darle las gracias.

Su prueba durísima (4:18-21).

Al hijo de la sunamita, que tendría 6 ó 7 años, le dio una insolación y se murió. Tuvo que ser un shock. ¿Cómo podía ocurrir eso? ¿No fue Dios quién le dio la promesa de tener un hijo? ¿Por qué se lo quita ahora? ¿Qué podía hacer en ese trance tan duro? Buscar a Dios a través del profeta. Ella sabía que Dios es todopoderoso, y que haría algo.

Su gran paz y dominio propio (4:22-27).

No pensó ni por un momento en los arreglos para el entierro de su hijo, sino que su fe era tan grande y su confianza tan firme en que Dios haría algo que ni siquiera se lo dijo a su marido, sino que fue directamente en busca de Eliseo.

El carácter verdadero de una persona se revela en tiempos de crisis y a través de esta prueba se manifestó el temple de carácter de la sunamita. Muchas se hubieran derretido en lágrimas, otras hubieran perdido su fe, pero ella conservó su dominio propio y fue a buscar al varón de Dios y su fe se fortaleció más y más.

El (v.23) nos muestra que había tiempos especiales cuando era costumbre visitar al profeta por ser tiempo de sacrificios o cosas parecidas.

Seguro que le llevó bastante tiempo llegar al monte Carmelo donde vivía Eliseo. Cuando lo vio se postró a sus pies y Giezi quiso quitarla, pero él la dejó. Sabía que necesitaba llorar y expresar lo que le pasaba y sentía. Muchas veces queremos guardar tanto el protocolo que no dejamos que las personas expresen sus emociones y sentimientos. A veces en situaciones de pérdida es mejor no decir nada y escuchar, estar ala lado del que sufre en silencio, que dar un sermón, porque en esos momentos las palabras sobran.

Su gran esperanza (4:28-37).

Ella sabía que Dios estaba en control de todo y que lo podía levantar de los muertos (He. 11:35).

Eliseo mandó a Giezi primero con su báculo para tocar al niño, pero no resultó. Delegar es algo bueno que hay que hacer, y hay muchas cosas que necesitamos delegar a otros para que nos ayuden. Pero hay veces que delegar no es lo correcto y tenemos que hacer nosotros el trabajo.

Por lo tanto ante la insistencia de la sunamita, Eliseo fue a su casa y oró por el niño. Se postró sobre él, le dio su calor y volvió a orar. El niño estornudó siete veces y recobró la vida. Después llamó a su madre y se lo dio. Se echó a sus pies para agradecerle lo que había hecho, y después tomó al niño.

Ella tenía una gran esperanza en que su hijo resucitara. Contar un ejemplo: Un pastor estaba de viaje en un avión y se sentó a su lado un joven. Empezaron a hablar del evangelio. El chico le dijo quetenía un problema con la resurrección, porque médicamente es imposible. El pastor le dijo: “No, tú no tienes un problema con la resurrección, tú tienes un problema con el concepto de Dios.

Una vez que admitas la posibilidad de que hay un Dios, entonces el problema de la resurrección desaparece, porque Dios tiene la habilidad de hacer cosas supernaturales e inesperadas. Si hay un Dios, puede levantar a los muertos, si no hay un
Dios, no hay resurrección de muertos.”

¿Tienes tú esa esperanza de que un día resucitarás? Confía, porque para Dios no hay nada imposible.

Su pronta obediencia (8:1-2).

Eliseo sabiendo que iba a ver una hambruna durante 7 años, avisa a la sunamita, y le aconseja que deje su casa y posesiones y se vaya a otro país para que no sufran las consecuencias del hambre. Ella sin dudarla obedece inmediatamente a la voz del profeta, y se va a tierra de los filisteos.

Su protección divina (8:3-6).

Al pasar los 7 años vuelven a su ciudad y a su casa. Pero susposesiones habían sido quitadas y como mujer activa y emprendedora, va a ver al rey para gestionar que se le devuelva sus posesiones, conforme a la ley.

En esos momentos que ella visita al rey, allí estaba y no sabemos por qué, Giezi, hablando al rey de los milagros de Eliseo. Cuando le comentó sobre la resurrección del hijo de la sunamita, ella misma entra por la puerta con su hijo. Ni un minuto antes ni un minuto después. ¿Coincidencia o plan divino?

Este hecho no es una coincidencia: dos cosas o acontecimientos ocurren a un mismo tiempo, sino un plan. Ha sido planeado de antemano por la mano escondida de la providencia de Dios.

Justo cuando Giezi estaba hablando de la mujer y el milagro, aparecen, ¡vaya coincidencia! No era coincidencia, era Dios dirigiendo los sucesos para que ocurrieran en el momento exacto.

Ahora bien, ¿por qué Dios incluye esta historia en la Biblia? No fue un milagro espectacular, ni siquiera está presente Eliseo. ¿Por qué están estos pocos versículos en la Biblia? Para mostrarnos que los milagros ocurren cada día, bajo lo que muchas veces llamamos coincidencia. Bajo esta pequeña historia, está una gran doctrina: la doctrina de la providencia personal: Dios en su gracia dirige incidentes y sucesos aparentemente al azar en nuestras vidas, a una serie de milagros diarios, que juntándolos cumplen en nosotros su planeada y preciosa voluntad.

Hay un Dios que gobierna el mundo, por lo tanto las cosas no pasan por casualidad, ni el más mínimo suceso, sino todo sucede por una dirección divina.

Nuestras vidas llegan a ser una serie de pequeños milagros diarios, y Su cuidado se ve en lo que llamamos coincidencias que ocurren cada día. Ejemplo: Gedeones. John Nocholson fue a un hotel en 1898 en Wisconsin, a las 9´00h. Tuvo que compartir su habitación con otro hombre Samuel Hill. Se puso a leer la Biblia y estuvieron orando y hablando de las
necesidades de los cristianos que viajan. Decidieron formar los Gedeones, que reparten 1 millón de copias de la biblia en todo el mundo cada 6 días. ¿Fue coincidencia? Yo creo que no.

Este es todo lo que nos dice la Biblia de esta mujer anónima, la sunamita, pero que es un ejemplo de carácter y fe cristianos. Que el Señor nos use como usó a esta gran mujer.

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