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Juan Calderón en Alcázar de San Juan

DSC 0028A modo de introducción
Nunca debemos desaprovechar la oportunidad de reunirnos alrededor de un libro, ya que un libro enriquece y ennoblece el alma. Pero, si se trata de homenajear en justicia a una injusticia injustificable, no hay justificación para perderse tal evento. Este es el caso del libro sobre «Juan Calderón Espardero», y no por el libro en sí, sino por su contenido, es decir, por los datos que nos permiten conocer la vida de este notable personaje saboteado por las autoridades eclesiales de la época, principalmente.

Presentación del libro
Como saben, oficialmente este libro salió a la luz el día 25 de abril de 2017 en Ciudad Real, donde su acogida fue más que aceptable, y donde los autores, Ángel Romera Valero y José Moreno Berrocal, expusieron por primera vez tan minuciosa obra. Así mismo, continuando con las presentaciones, el pasado 28 de junio en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan —tierra adoptiva del protagonista— tuvo lugar un nuevo evento entorno a la consabida biografía de este ilustre manchego. La multitud de asistentes pudieron comprobar el afán por el reconocimiento a este cervantista y periodista evangélico nacido en Villafranca de los Caballeros en 1791.

Al contrario que en Ciudad Real, en Alcázar de San Juan si hubo representación por parte de las autoridades municipales, ya que se contó con la presencia de Rosa Melchor Quiralte, primera edil del municipio, quien reconoció que este libro «es fruto de mucho trabajo, de un trabajo serio de investigación y documentación bien desarrollado», y afirmó que la escueta y minuciosa biografía «va a desvelar algunos misterios de este personaje», perseguido e ignorado por su distinto pensar. La alcaldesa abordó el tema de la España de principios del XIX con la necesaria lucha por la libertad de conciencia y expresión, y cómo este insigne manchego defendió sus derechos liberales hasta desembocar en el exilio; primero en Bayona-Burdeos (1823) y finalmente en Londres (1845) donde murió prematuramente a los 63 años de edad (1854). Por último, Melchor felicitó a los autores y se congratuló por la existencia de una figura tan relevante para el cervantismo manchego como lo fue Juan Calderón Espadero.

DSC 0007Romera Valero, destacó las contribuciones del autor a la filología, al estudio sistemático del español, al cervantismo, a la traducción, al periodismo y a la divulgación moderna de la teoría protestante del siglo XVI. Además, nos reveló algunas curiosidades sobre su descendencia: «dos importantes pintores ingleses, como William Frank Calderón o como Philip Hermógenes Calderón fueron descendiente de este gran manchego, y además un arquitecto como Alfred M. Calderón, y también un importante eslavista como George Leslie Calderón».

También —prosiguió Romera— es uno de los pocos autores manchegos de principios del XIX cuyas obras fueron traducidas al inglés y al francés. Y matizó que «realmente se podría hacer o escribir una auténtica novela sobre sobre este gran personaje».

También asistió como ponente el criptanense José Manuel Cañas Reíllo, helenista y profesor en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid (CSIC), además de amigo personal de José Moreno Berrocal. Este recalcó la habilidad de Calderón como traductor bíblico y helenista, asegurando que fue «un adelantado a su época capaz de leer y traducir la biblia en tres idiomas: hebreo, griego y latín». Todos podemos contemplar su arte —continuó—consultando la traducción del Nuevo Testamento conocida como «Las escrituras del Nuevo Pacto», en las que colaboró. Además, destacó la facilidad con que manejaba los textos, proporcionando un lenguaje claro y sencillo, fiel al original y accesible a todo el público.

Finalmente, Moreno Berrocal elogió la labor de Calderón como colaborador «en esa recuperación de la memoria histórica de todos los escritos que estaban desperdigados en otras partes de Europa y que no se podían tener aquí en España; obviamente habían sido quemados por la Inquisición, y esto es una labor que se le tiene que reconocer para que podamos, pues, redescubrir nuevamente esa página que se nos ha querido ocultar un poco de lo que es la historia, también, de España».

DSC 0031De la mano de Luis Usoz y Rio, Calderón copió y rescató en Londres la obra escrita de evangélicos españoles entre los que se encuentra Juan de Valdés. Al igual, la preciada obra de Calderón, ha sido rescatada en pleno siglo XXI por estos dos autores locales, lo cual contribuye al rescate de esa misma memoria histórica protestante, donde la idea principal sería la de lucha por la libertad de conciencia y expresión hasta consentir el exilio antes que renunciar a la firmeza de su fe.

Según fuentes de la organización, también asistieron los concejales Gonzalo Redondo y Elisa Díaz, el presidente del Ateneo de Alcázar Luis Ángel Ajenjo, el director de Editorial Peregrino Mateo Hill, y Manuel García Lafuente en representación de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE). Asímismo hicieron eco del evento, numeroso público procedentes de las iglesias evangélicas de Alcázar de San Juan y de Ciudad Real, así como, familiares, amigos y vecinos de Alcázar, Campo de Criptana y Villarta de San Juan.

Como en Ciudad Real se dispuso de tiempo para que los autores firmaran ejemplares del libro.

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Tan distinguida obra, escrita por José Moreno Berrocal y Ángel Romera Valero, cuenta con el respaldo de la Fundación Pluralismo y Convivencia y del Consejo Evangélico de Castilla La Mancha (CECLAM), y ha sido editada por Editorial Peregrino. Esta publicación refleja una biografía inédita de Calderón desde los comienzos de su exilio hasta su muerte en Londres (1854), e incluye dos obras completas: la edición crítica de su Autobiografía (1828) y la Respuesta de un español emigrado a la carta de padre Areso (Burdeos, 1841). También contiene una antología selecta de su libro Cervantes vindicado en 115 pasajes (1854).

Breve Biografía
Hijo del médico titular de Alcázar de San Juan, ingresó en el convento franciscano de esa ciudad muy joven, a los quince años, por su amor a los libros. Pronto, sin embargo, se volvió escéptico y, por ejemplo, no creía en la confesión. En Lorca aprendió filosofía para enseñarla en su convento, y leyó durante la Guerra de la Independencia a escritores ilustrados franceses y europeos. Se volvió un descreído, pero siguió siendo fraile. En 1820 la revolución liberal le hizo ingresar en una sociedad patriótica y explicó a sus coterráneos la Constitución de Cádiz, pero le intentaron asesinar y marchó a Madrid en 1823 y luego a Francia, donde subsistió como zapatero primero y profesor de español después, siendo inmigrante indocumentado; como permitían vivir allí a los extranjeros que se ganaran su sustento, pudo quedarse. Se convirtió al protestantismo, se casó y se hizo pastor, ganando un premio por una obra teológica. Publicó una revista gramatical y otros títulos y predicó también en Londres. Volvió con la regencia de Espartero en 1841 y publicó una Gramática española. De vuelta a Londres, editó allí dos revistas protestantes que se introducían clandestinamente en España, revisó una edición de la biblia en español y escribió una serie de comentarios gramaticales al Quijote, su Cervantes vindicado, además de ayudar a Luis de Usoz a editar clásicos españoles de la reforma del siglo XVI. Fue nombrado catedrático de español del Kings College de Londres. Usoz imprimió luego su Autobiografía, que hoy editamos.

DSC 0067Obras menos conocidas
«Las promesas del Señor» y «La Salve del Cristiano». Discreto poeta, pero mejor prosista por su estilo sencillo, directo y conciso. Sus contemporáneos le tuvieron ya en la época como filólogo muy culto, de vivo ingenio y excelente estilista.

Conclusión
Dar a conocer la vida y la obra de este eminente investigador manchego, que por causa de su fe e ideología se nos ha negado hasta este siglo XXI, es un acierto y desde aquí felicitamos la iniciativa de estos dos autores locales, que tras minuciosas investigaciones metodológicas —como hiciere Calderón— han conseguido reunir está completa biografía.

Si hay alguien que lo merece, este es Juan Calderón Espardero, y no solo por la contribución al conocimiento y mejora de la gramática de la lengua española, sino por toda su obra en general. Por sus luchas constantes (fe, pensamiento…), por los cambios u oficios que hubo que desempeñar para sobrevivir (filólogo, gramático, escritor, cervantista, pensador, periodista…), por el ostracismo al que fue sometido en nuestro país por causa de su fe y la defensa de la libertad de conciencia, por ser un hombre de principios y, sobre todo, por ser un hombre de Dios.

Calderón ha sido recordado siempre como fundador del periodismo protestante en lengua castellana, controversista acatólico, investigador cervantista y como traductor de la Biblia al español. También —aunque menos, pero no menos importante— como filólogo, docente y renovador de los estudios gramaticales sobre la lengua de Cervantes.

En definitiva, toda la contribución de Juan Calderón merece ser estudiada con detenimiento, porque su rico aporte lingüístico, sus ideas o su lenguaje fluido y sencillo, marcaron no solo un estilo gramatical, sino, también, una diferente forma de vida y pensamiento.

Nota: Para conocer más acerca de Juan Calderón, os dejo este enlace.

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