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Levítico 26: 11 – 12

lEV 26Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.

Señor, eres una fuente de bendiciones para tu pueblo, y porque no cambias, las promesas son las mismas en el pasado que en el presente.

Si no hay idolatría en mí, sino fidelidad (v.1), si busco adorarte en tu día (v.2) y si guardo tu palabra (v.3), entonces puedo esperar que traigas lluvia y fruto (v.4), satisfacción, seguridad y paz (v.5-6), victoria, crecimiento y abundancia (v.7-10), pero sobretodo, que hagas morada delante de mí y no me abomines (v.11), y que seas mi Dios y yo sea tuyo.

Antes que las bendiciones en sí, tienes que ayudarme a tenerte a ti, a tener tu favor, pues eres la fuente de todas las posibles bendiciones.

Claro que no quiero que me falte el pan y el vestido, la paz y la victoria en todas las empresas dignas, que necesito a mi gente a mi alrededor, pero ¿qué sería de todo esto si no siento tu presencia a mi lado?

Señor, me es muy fácil creer y esperar tu presencia en mi vida, pero también es muy fácil que mi alma y corazón te ignoren y se aparten de ti, por eso te pido en este día que hagas todo lo necesario en mí para que caminemos juntos.