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Nehemías 1:9

NEHEMIAS 1 9Pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.

Tu palabra es clara, no deja lugar a las dudas. El pecado, no guardar tu mandamientos, estatutos y preceptos (v.7), tiene sus consecuencias (v.8). Y porque tú eres santo Señor, tu respuesta al pecado es dura y terrible, hasta llegar a ser dispersados hasta el extremo de los cielos.

Así es como yo, y conmigo tu pueblo, deberíamos sentirnos. La amenaza del pecado sobre nosotros evitaría la amenaza de sus consecuencias, tu castigo.

La gran bendición de Israel era ser un pueblo en la tierra prometida, la gran maldición era perder su posesión y ser dispersados. Mi gran bendición es tener esta salvación, esta esperanza, mi gran maldición es perder este gozo de la salvación, sería sentirme perdido, dispersado hasta el extremo de los cielos. Lucho por tanto contra el pecado, pero no lo evito, evito la corrupción contra ti, pero no sus daños. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Rom. 7.24)

Pero Padre, aquí y ahora me dices que si me vuelvo a ti, y si guardo tu palabra, por muy lejos que me haya ido, por muy lejos que me hayas echado, puedes volver a recogerme, puedes traerme otra vez al lugar que escogiste, este refugio que eres tú, esta promeso que me has dejado, este gozo de saber y estar seguro.

Padre, oro por mi mismo y oro por aquellos que se han alejado, porque si tu justa ira es mucha, tu misericordia es más.

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