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Marcos 1:24–25

MARCOS 1 24… Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él!

En la misma sinagoga donde tu Hijo entró a enseñar (v.21), había un hombre con espíritu inmundo. Esto ya no me sorprende porque sé que los incrédulos y malvados pueden hallarse en cualquier lugar, que el príncipe de este mundo puede morar donde tu Espíritu no more, pero no puedo evitar que me entristezca ¿Cuántos habrá en la iglesia que se sientan a mi lado y se encuentran en la misma situación espiritual, engañados y engañando?

Tampoco es nuevo para mí ver que ni el mismo espíritu inmundo puede negar que Jesús, tu Hijo, es el Santo de Dios. Las evidencias de la Palabra, las señales y su naturaleza son innegables, pero si esto es así ¿por qué hombres y mujeres de hoy no lo ven, por qué cuesta tanto? ¿Tan duro puede ser el corazón?

Y luego llega tu Hijo y cierra la boca de aquel hombre que te llama Santo. Claro, él no quiere que le alaguen de labios, sino de corazón.

Padre, libra a tu pueblo de espíritus inmundos, líbranos de hipocresía y falsa apariencia. Ten misericordia de aquellos que piensan que todo está bien porque te nombran y están con los tuyos y no se dan cuenta de quien realmente domina su espíritu.  Y ayúdame también a mí a discernir y a liberar.

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