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Loaida y Eunice mujeres de fe no fingida

956c9 loidaeunice1Introducción

Estos dos nombres se mencionan juntos en la Biblia en 2 Timoteo 1:5, pero ¿quiénes eran estas dos mujeres? Eunice era la madre de Timoteo y Loida la abuela, eran madre e hija. El nombre de Loida significa “agradable o deseable”, y el de Eunice “feliz o buena victoria”. Vamos a ver no solo que eran mujeres de fe, sino su gran ejemplo de vida y la gran influencia que tuvieron sobre su hijo y nieto Timoteo.

Ambiente familiar

La primera vez que se habla de Eunice es en Hechos 16:1-3: “Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego”.

Pablo en su primer viaje misionero llegó a Listra y allí fundó una pequeña iglesia. Quizá en esa ocasión fue donde se convirtieron Loida y Eunice, aunque no se puede estar seguro. Lo que sí dice la Escritura es que Eunice era una mujer judía, temerosa de Dios que llegó a aceptar a Cristo como el Mesías y su Salvador.

Es curioso como Eunice se había casado con un hombre griego, pagano. Esto era contrario a la ley judía, porque solo podían casarse con judíos. Aquí podemos especular que Eunice antes de casarse no era temerosa de Dios o estaba en rebeldía espiritualmente hablando.

Me gustaría hacer un inciso y aconsejar a las mujeres más jóvenes que todavía no se han casado a que pongan mucho interés al escoger al hombre con el que se van a casar. Sabemos como creyentes, que no podemos casarnos con un no creyente porque qué comunión hay la luz con las tinieblas (2 Corintios 6:14-15). Conozco de muchos casos que se han casado con inconversos pensando que algún día se convertirían al Señor, pero esto es un engaño. Aunque así lo hicieran por la gracia de Dios, eso no implica que debamos desobedecer a Dios en sus mandatos. Sabemos las que están casadas con maridos que no son creyentes lo difícil que es la convivencia diaria. Por lo tanto, sed sabias y orad al Señor para que os muestre un hombre que ama y vive para el Señor en primer lugar.

La enseñanza a Timoteo

Aun a pesar de que el marido de Eunice no era creyente, éste permitía que ella y su madre enseñaran las Escrituras a Timoteo desde su niñez (2 Timoteo 3:14-15). Podemos pensar que el marido de Eunice nunca fue creyente o que ya había muerto, porque solo se menciona la fe de la madre de Timoteo y su abuela. Quizás al morir el padre, Loida la abuela se fue a vivir a casa de Eunice a ayudarla con el pequeño Timoteo. De cualquier manera, fuera como fuera, las dos, madre y abuela enseñaron las Escrituras a Timoteo desde su niñez.

Veamos la importancia de la enseñanza de la Palabra de Dios a los niños. No se deja esta enseñanza a los maestros o maestras de la escuela dominical, sino que es responsabilidad y obligación de los padres (Deuteronomio 4:9; 6:4-9). Si el responsable y cabeza del hogar es el padre, y este no lo hace, la madre debe coger las riendas y enseñar a sus hijos, como lo hizo Eunice conjuntamente con Loida, su madre. Debemos reconocer la importancia y gran influencia que tienen las abuelas piadosas. No solo darán cariño o regalos a los nietos, sino el regalo más importante, la Palabra de Dios.

Creo que es una de las mayores y más graves negligencias que tienen los padres cristianos si no enseñan a sus niños la Palabra de Dios. Si como madre ves que no lo estás haciendo, ponlo ya en tu vida familiar. Haz cambios y empieza con cosas sencillas, con libros con ilustraciones y dibujos que es más atractivo para los niños, pero enséñales la Palabra y aun cuando fuere viejo no de apartará de ella (Proverbios 22:6).

Cuéntales las historias bíblicas, saca lecciones para su vida y que vea que las aplicas tú en tu vida, en primer lugar. Ora con ellos, amonestadles en el Señor. Que sepan lo que agrada a Dios y lo que no. Que les muestres su pecado y señala a Cristo como el único remedio y salvador de sus almas. Es el mejor tiempo invertido con los hijos, el enseñarles las grandes cosas que Dios ha hecho.

¿Por qué podían enseñar a Timoteo las Escrituras? Porque había en ellas una fe no fingida. Esto ¿qué quiere decir? Que su fe era genuina y verdadera, no “hipócrita”. Se puede tener una fe falsa, dar una cara cuando uno va a la iglesia o reuniones, pero luego en casa no vivir lo que se dice creer en el corazón.

Cuidado con la falsedad, los niños la huelen a la legua. Una fe sincera no quiere decir que tengas una vida perfecta, pero se tiene que ver en tu día a día. Tiene que haber un deseo de vivir para agradar a Dios y no pecar, un deseo de tener comunión con Dios y leer la Palabra, cuando se ofende a algún miembro de la familia debe pedirse perdón y buscar la reconciliación, se debe luchar con las debilidades y pecados que arrastramos, esa fe genuina se mostrará en los momentos más difíciles y cruciales de nuestra vida, en fin, se tiene que oler nuestra fe.

¿Cómo es tu fe? ¿Es genuina, o falsa?

Los resultados de la enseñanza y fe genuina

Sabemos que la fe de Loida y Eunice no se pueden heredar. Podían enseñar al pequeño Timoteo, pero él tenía que ver su necesidad del Salvador y venir en arrepentimiento y fe. Pero lo que sí podemos ver es el fruto de esa enseñanza y esa fe no fingida de su madre y abuela. Timoteo tenía las bases bien puestas en su mente y corazón y Dios usó toda esa enseñanza y ejemplo para confirmarle que necesitaba un cambio en su vida.

Pablo le llama “amado hijo” (2 Timoteo 1:2), porque Pablo le guió al Señor, pero los cimientos estaban ya bien colocados. Pablo por el buen testimonio que tenía Timoteo, lo llevó consigo para ser su ayudante, su compañero, y acabó como pastor de la iglesia en Éfeso. Para Eunice tuvo que ser duro quedarse sin su hijo, pero imagino también el gozo que sentiría al saber que su hijo estaba dedicado a predicar el evangelio, y servir al Señor. Creo que para una madre piadosa, no hay mayor gozo que ver a sus hijos andando en el Señor y sirviéndole.

Conclusión

Podemos aprender varias cosas de la vida de estas dos mujeres:

- En primer lugar fueron mujeres de fe genuina, no falsa. Creyeron en el Señor Jesucristo y se podía ver en su testimonio diario, eran mujeres piadosas.

- Las dos vieron la importancia de enseñar las Escrituras a su hijo y nieto Timoteo. Eran obedientes a los mandatos de Dios, y para poder enseñar ellas mismas tenían que conocer bien la Palabra de Dios.

- Sabían que su fe no se hereda y que Timoteo mismo tenía que creer por sí mismo.

Quizás te estás mirando a ti misma y estás viendo un fracaso de madre y de vida. Bien, eso es muy buena señal, porque todavía hay tiempo para rectificar. Ve al Señor, a tu marido y/o a tus hijos y pídeles perdón por no ser la mujer creyente que deberías ser. Si nunca has enseñado a tus niños la Palabra o lo has hecho de vez en cuando, empieza ya mismo. Explícales porqué no lo has hecho antes y que quieres hacerlo ahora, quieres poner en práctica la enseñanza de Dios en tu hogar. El Señor te perdonará tu negligencia y a la vez te dará las fuerzas para seguir adelante.

Necesitamos a muchas Loidas y Eunices en nuestras congregaciones. Empieza por ti misma con la ayuda del Señor.

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