Carta a los Romanos I

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INTRODUCCION.

Todos necesitamos estudiar la Biblia. Nos proponemos publicar una serie de artículos en los cuales se estudiará la Carta a los Romanos. Pero para poder sacar el máximo provecho, es necesario que empecemos mirando el trasfondo de la misma.

La historia atestigua elocuentemente del poder y la claridad de la verdad de Dios como se nos revela en la Carta a los Romanos.

Entre otras muchas personas cuyas vidas han sido radicalmente transformadas al leerla, están incluidos el gran Agustín y Martín Lutero. Aquel llegó a ver su pecaminosidad al leer algunas palabras del capítulo trece; y éste descubrió la luz que a su vez dio paz a su inquieta alma, cuando estaba estudiando esta carta. ¡Ojalá que su mensaje se vuelva a descubrir, y que esto conlleve una "Nueva Reforma"!

EL AUTOR DE LA CARTA.

Son pocos los que se han atrevido a negar que fue el apóstol Pablo quien escribió la Carta a los Romanos. El estilo y la teología son de Pablo, si bien ésta la había recibido de Dios. Los escritores cristianos primitivos hablan con insólita unanimidad sobre este punto.

LA IGLESIA DE ROMA.

Pero ¿qué podemos decir acerca de la iglesia a la que dirigía Pablo esta carta? ¿Quién la fundó? La Iglesia Católica sigue manteniendo la teoría de que la Iglesia de Roma fue fundada por el apóstol Pedro, y que éste fue obispo de ella durante veinticinco años (42-67). Aunque es posible que Pedro fuese martirizado en la ciudad de Roma, hay problemas con la teoría católica-romana.

En primer lugar, sabemos que Aquila y Priscila fueron expulsados de Roma con los demás judíos en el año 49 (Hechos 18:1-3). Parece que ya eran creyentes y que se habían convertido en Roma, lo cual implica la existencia de una iglesia en esa ciudad. Sin embargo, Pedro todavía estaba en Jerusalén cuando se celebró el Concilio de Jerusalén en el año 50, y no hay ninguna evidencia de que él hubiera estado en Roma antes de esa fecha. Y en segundo lugar si Pedro estaba en Roma cuando Pablo escribió su Carta a los Romanos, ¿cómo se puede explicar el hecho de que Pablo ni mencionó a Pedro ni le saludó, y eso en la carta de Pablo que más saludos contiene?

 

Es mucho más probable, pues, que algunos de los judíos y prosélitos romanos que estuvieron el día de Pentecostés se convirtieran y volvieran a Roma con la buena noticia del Evangelio, y fundaran la iglesia de Roma. Es inconcebible que el mensaje de Cristo no llegara pronto al mismo centro del Imperio Romano, e igualmente inconcebible que de esa llegada no resultaran algunas conversiones y el comienzo de una iglesia.

En cuanto a la composición de la iglesia de Roma, es evidente, por la car-ta misma, que consistía tanto de cristianos judíos como de conversos de un trasfondo gentil. Los capítulos 9 al 11 tienen que ver principalmente con el pueblo de Israel. Además, en Ro. 4.1, Pablo se refiere a "Abraham, nuestro padre según la carne." Pero por otra parte, a lo largo de la carta el apóstol enfatiza su apostolado a los gentiles (1:13; 11:13; 15:15-16), y en 11:13 dice claramente: "...a vosotros hablo, gentiles." Sin embargo, aunque es probable que la mayoría de los miembros fuesen gentiles, no se deben pasar por alto las importantes palabras del cap. 10:12-13: "No hay diferencia entre judío y griego pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocase el nombre del Señor, será salvo".ç

DONDE ESCRIBIO LA CARTA.

¿Dónde estaba el apóstol Pablo cuando escribió a los romanos? En 16:23 menciona que Cayo es su hospedador. Es muy posible que este Cayo fuera el hombre de dicho nombre que vivía en Corinto (1 Corintios 1:14). Además, algunos comentaristas han sugerido que la carta fue llevada a Roma por Febe (Romanos 16:1-2) a quien Pablo recomienda a los creyentes en Roma, y que era de Cencrea, el puerto de Corinto. En Romanos 15:25,26 se nos dice que Pablo estaba a punto de ir a Jerusalén para llevar allá la ofrenda de los creyentes de Macedonia y Acaya para los santos necesitados de Jerusalén. Pero, ¿hay algún pasaje en el cual encajen todos estos detalles? Sí, en Hechos 20:1-16, donde encontramos a Pablo en su tercer y último viaje misionero, camino de Jerusalén (v.16). Además, en el v. 3 leemos que se quedó tres meses en Grecia, y durante ese tiempo podía haber escrito a los romanos desde la ciudad griega de Corinto.

EL PROPOSITO DE LA CARTA.

Si bien es bueno saber algo acerca de la iglesia de Roma y la ocasión en que Pablo escribió esta carta, es necesario también preguntarnos cuál era el propósito del apóstol al escribirla.

Melanchthon, el colega de Lutero, calificó la carta como "un compendio de doctrina cristiana".

Ciertamente tenemos en la Carta a los Romanos una explicación de los elementos fundamentales del mensaje cristiano sin par en las demás cartas de Pablo.

La depravación total del hombre (capítulos 1-2), la universalidad del pecado (3), la justificación por la fe (4), la salvación conseguida por el "segundo Adán" (5), las responsabilidades y los privilegios del cristiano, incluyendo la perseverancia de los santos (6-8), y la relación entre judíos y gentiles en los propósitos eternos de Dios (9-11), son todas doctrinas que el apóstol expone y aplica en la carta.

Sin embargo, decir que esta Carta es nada más que "un compendio de doctrina cristiana" sería un error, y eso por varias razones. En pri-mer lugar, hay algunos aspectos de la teología de Pablo que no se encuentran en la epístola; por ejemplo, la segunda venida de Cristo, y la doctrina de la iglesia. En segundo lugar, al escribir cualquiera de sus cartas, Pablo tendría en mente la situación concreta de cada iglesia a la que escribía. Aunque nunca había estado en Roma, evidentemente el apóstol sabía algo de lo que estaba pasando en la iglesia allí (véase 1:8).

Ya se ha aludido al hecho de que Pablo sabía que tenía que dirigirse tanto a judíos como a gentiles, con sus respectivos problemas teológicos y prácticos (véase los capítulos 6 y 14). Y además, no debemos pasar por alto los motivos humanos que Pablo podía tener al escribir a los romanos. Sin duda alguna, estaba deseoso de ponerse en contacto con estos hermanos, a quienes no había conocido a nivel personal. También quería decirles que esperaba ir a visitarles (1:15; 15:23-24), pero aun de eso no estaba seguro y, por lo tanto, les escribió.

CRITICA TEXTUAL.

En cuanto al texto de la carta, algunos eruditos han puesto en duda que el capítulo 16 perteneciera a la carta original. Dicen que es muy improbable que Pablo pudiera saludar a tantas personas de una iglesia que ni siquiera había visitado, que Aquila y Priscila no estaban en Roma, sino en Éfeso (16:3; 2 Timoteo 4:19); que Epeneto era de Acaya, no de Roma (16:5); que las advertencias de 16, 17, 18 no están en armonía con el resto de la carta; y que algunos manuscritos no tienen este último capítulo.

Sin embargo, estos argumentos son débiles. Mencionar por nombrar a tantos individuos no solo era posible por lo que Pablo había oído de la iglesia, sino que también era un toque personal a creyentes que no había podido conocer. Con respecto a Aquila y su mujer, es evidente que viajaron mucho, probablemente por sus negocios, y no es de extrañar que volvieran a Roma cuando ya no estaba en vigor el edicto que les había expulsado en el año 49. Epeneto también podía haberse trasladado a Roma, como tantos otros en aquellos tiempos. Romanos 16:17-18 no constituye una crítica de los creyentes de Roma, sino que expresa una preocupación natural del apóstol a la ley de los muchos enemigos del Evangelio que había. Y además, la mayoría de los mejores manuscritos incluyen el capítulo 16.

MENSAJE DE LA CARTA.

El mensaje principal de la Carta a los Romanos es la justicia de Dios. Dios es justo y su justicia condena al hombre pecador, es decir, a todos los seres humanos. Sin embargo, para aquellos que reconocen su falta de justicia, y que abandonen su propia justicia, hay una justicia provista por Dios, la perfecta justicia de Cristo, dada por la gracia y recibida por la fe. Una vez revestido de esa justicia de Cristo, el creyente no sólo disfruta de paz con el justo Dios, sino que tiene la responsabilidad y la capacidad para reflejar la justicia de Dios en su vida cristiana, en todos sus aspectos. Este es el mensaje de la esta Carta y la esencia del Evangelio y de la Biblia entera. Es el mensaje que está en peligro de ser ahogado en medio de la superficialidad de nuestros tiempos, y el mensaje que la iglesia de hoy tiene que comprender y proclamar.

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