Hulda, la profetisa

Imprimir

Contexto histórico.

No se habla mucho de esta mujer, Hulda, sólo se la menciona aquí en este pasaje y en su pasaje paralelo en Crónicas 34:22.

Esta mujer vivió en tiempos del rey Josías. ¿Quién era este rey? Su abuelo Manasés fue un rey malo ante los ojos de Jehová (2 R. 21:2). Hizo una seria de abominaciones en toda la nación que estaban prohibidas por Dios. Edificó los lugares altos, levantó altares a Baal y Asera, los ídolos. Adoró a todo el ejército del cielo, edificó altares en el templo de Dios. Pasó a su hijo por fuego, siguiendo costumbres paganas, consultó a agoreros y adivinos. Incitó al pueblo a pecar y hacer lo malo delante de
Dios (2 R. 21:9). Sin embargo Dios le dio oportunidad de arrepentirse y cuando fue llevado prisionero por los asirios, se humilló delante de Dios y se arrepintió (2 Cr. 33:12-13). Aún así el pueblo siguió adorando a los ídolos.

Después de su muerte reinó su hijo Amón, y aunque su reinado fue corto, solo dos años en el trono, hizo lo malo delante de Dios, sirviendo a los ídolos y dejando a Dios. Murió traicionado por sus siervos que conspiraron contra él y lo mataron en su casa.

Aquí es donde entra en escena Josías, el hijo de Amón. Era solo un niño de 8 años cuando subió al trono (2 R. 22:1-2). Esto nos enseña que no debemos despreciar a los niños, y que Dios también obra en ellos y por medio de ellos. Vemos que fue un buen rey delante de Dios y que no se apartó de él en toda su vida.

En 2 Cr. 34:3, se nos dice que a los 16 años empezó a buscar a Dios y es cuando se convirtió. Que importante es buscar a Dios cuando uno es joven, pero aún así hay esperanza para todos, sea la edad que se tenga.

Reformas del templo y hallazgo del libro de la ley.

A los 26 años, Josías, envía a reparar el templo que estaba medio abandonado y necesitaba reparaciones. Recogió todas las ofrendas voluntarias del pueblo y lo dio a los trabajadores para reparar lo que se necesitara en el templo. Había carpinteros, albañiles, necesitaban materiales, y lo pagaban de las ofrendas. Eran hombres fieles y honrados (v.7). Cuanto necesitamos personas así en los trabajos. Que den un buen testimonio, que sean de confianza y honrados. Es una buena lección que aprendemos de aquí.

Este verano en el campamento familiar, una de las predicaciones, aunque no de este pasaje, fue el de reparar las grietas de la casa de Dios. Se nos exhortó a coger el palustre y a ponernos manos a la obra, tapando grietas y reparando lo necesario en nuestro propio corazón en primer lugar y en la casa de Dios. ¿Eres tú de las que cogen el palustre y tapan
grietas? O ¿eres más bien de las que abren grietas, en vez de tapar? Creo que es un buen pensamiento y que empecemos a ponerlo por práctica.

Durante las reparaciones encuentran ¿el qué? El libro de la ley de Dios, el Pentateuco, era la copia de los cinco primeros libros de la Biblia, y estaba al lado del arca (Dt. 31:25-26).

¡Qué victoria Satanás tuvo manteniendo la ley escondida! No la puede destruir, pero la puede esconder. ¿Le ayudas a mantenerla escondida? Creo que nuestro problema hoy día es lo contrario ¡Demasiadas Biblias! Me pregunto cuanta gente usa la Biblia de domingo.

¿Qué ocurrió cuando hallaron el libro? Lo trajeron delante del rey y lo leyeron. Tal fue el impacto que hizo la ley en el rey que rasgó sus vestidos. Esto era señal de dolor, sufrimiento y llanto. Seguro que leyeron parte de Deuteronomio 28, que habla de las consecuencias de la desobediencia a Dios. Por eso Josías está tan preocupado. Él reconoce su pecado y el pecado de su pueblo de la nación y sabe que Dios está airado por ello y que los puede castigar. Por eso quiere saber cómo de mala es la situación, y envía un grupo de hombres para consultar a Dios (v. 13).

Antes de seguir adelante quiero que pensemos un poco en el impacto que hizo la Palabra de Dios sobre Josías. ¿Lo hace sobre ti? ¿Cómo la lees, cómo la escuchas? ¿Produce algo en ti o la oyes como si nada? Santiago nos anima a que la pongamos en práctica Santiago 1:22. La palabra de Dios no nos puede dejar igual, o nos endurecemos más o nos humilla. O nos aleja de Dios o nos acerca más a Él. No podemos ser indiferentes. El problema es que cuantas veces, sí que somos indiferentes. No dejes que así sea en tu corazón (Is. 66:2).

Hulda la profetisa.

¿A quién van para consultar la palabra de Dios? A Hulda (v. 14). ¿Qué es una profetisa? Una mujer que Dios la usa para traer un mensaje de su parte, sea futuro o presente. No es la única mujer a la que Dios ha hablado, tenemos a Miriam (Ex. 15) y Débora (Jue. 5). ¿Por qué no fueron a consultar a Jeremías o a Sofonías, que eran profetas en esa época? (Jer. 1:2; Sof. 1:1). No lo sabemos. Quizás porque sus ministerios no estaban completamente establecidos. Quizás porque estaban en otra ciudad. Lo que sí podemos decir es que Hulda tenía una buena reputación y era conocida por todos. No sabemos mucho más de ella, solo el nombre de su marido y que se dedicaba a guardar las vestimentas del rey.

Dios, también puede hablar a través de las mujeres. Felipe tenía 4 hijas que profetizaban (He. 21:9; Joel 2:28). Por supuesto hoy tenemos más luz y enseñanza sobre la mujer en la iglesia, no puede ser pastora ni ejercer dominio sobre el hombre (1 Ti. 2:12).

El mensaje de Dios a través de Hulda.

Dios iba a traer juicio sobre la nación vv. 15-17. Pero porque Josías oyó la palabra, se enterneció, se humilló y lloró delante de Dios, no traería Dios el castigo en su tiempo, sino después de su muerte. Y así se cumplió, el primer ataque de Nabucodonosor, el rey de Babilonia fue cuatro años después de la muerte de Josías.

¿Qué lección aprendemos aquí? ¡El evangelio! Dios está airado por nuestro pecado, todos pecamos y somos pecadores. Por ello merecemos un castigo, su ira. Pero nos ama tanto que envió a su hijo Jesucristo a pagar ese pecado, esa deuda, que tenemos con Él. Cristo recibió la ira de su padre cuando estaba en la cruz, en nuestro lugar. Ahora solo nos queda
dolernos por nuestro pecado, huir de la ira de Dios y escondernos en Cristo. Arrepentirnos de nuestro pecado, que nos duela, como le dolió a Josías y buscar el perdón clamando a Dios. Si así hacemos de todo corazón Dios nos perdona y nos recibe como a hijas, y quita de nosotros el castigo que merecemos, como también hizo con Josías.

¿Has experimentado esto en tu vida? ¿A que esperas? ¿Acaso no ves tu pecado, acaso no te das cuenta de las consecuencias que te vendrán si no estás a bien con Dios? Jn. 3:16. Arrepiéntete y busca a Dios, que tenga de ti misericordia.

El pacto de Josías y las reformas.

Leer 23:1-3, Josías mandó llamar a todo el pueblo a la casa de Dios y leyó la ley de Dios e hicieron un pacto con Dios, que le seguirían y obedecerían su palabra siempre.

Si ya eres creyente renueva este pacto con Dios, pídele que te ayude a seguirle siempre y a obedecer su palabra todos los días de tu vida.

Si no eres creyente, arrepiéntete ahora y busca el perdón de Dios, no siempre vas a tener la oportunidad, pero ahora si puedes. Ve a Él y Él te recibirá.

Empezó un tiempo de reformas en el templo y en todo el país. Fue un tiempo de despertar espiritual y de buscar a Dios, un tiempo de avivamiento. Hulda fue una mujer fiel a Dios y que no temía a los hombres, muy valiente por darle ese mensaje a Josías. Que Dios nos ayude a ser como ella en su fidelidad y en su valentía.

2014
Octubre
Lu296132027
Ma307142128
Mi18152229
Ju29162330
Vi310172431
Sa41118251
Do51219262

J!Analytics

© 2011 Iglesia Evangélica de Ciudad Real. Todos los derechos reservados.