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Mateo 18:2–5

MATEO 18Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.

Me mandas, Señor, ser como un niño, cuando en otro lugar me mandas dejar las cosas de niño. (1 Cor.13:11) (Ef.4:14). Hoy tengo que aplicarme en ver la diferencia.

Al acercarme a ti tengo que ser como un niño, pues no puedo venir a ti con arrogancia, con autosuficiencia, sino con humildad, pues tú eres la fuente de todo mi bien; no merezco nada, aunque lo puedo esperar todo, sobre todo en la salvación, aunque también en mi vida espiritual. ¿Qué puedo hacer yo delante de ti sino extender mi mano para recibir lo que quieras darme y quedarme absorto, admirado, y gozoso cuando me lo das?

Pero eso no quita mi responsabilidad, mi deber de aprender de tu palabra y crecer en ella; dejar de alimentarme solo de leche (1 Cor.3:1), y ser maduro en mi forma de pensar (a la luz de tu palabra) (1 Cor.14:20).

Contigo Señor, como un niño llevado de la mano, dependiente y gozoso; con tu palabra, como un hombre, fortaleciendo mi fe y mi responsabilidad.

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