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Jeremías 2: 13

JEREMIAS 2 13Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.

Estos dos males que se dieron en tu pueblo en la época de Jeremías, son dos acusaciones que se pueden hacer a tu pueblo, la iglesia hoy y, por tanto, es un peligro del que yo debo de estar apercibido.

De manera natural, carnal, tenemos la tendencia de alejarnos de ti, Padre, de ponerte a un lado e ignorar tus mandatos. Damos por sentado que siempre estás ahí y que eres paciente y misericordioso, que dejamos de esforzarnos por honrarte y de buscarte. Quizá por los engaños del maligno, la seducción del mundo o por causa de nuestra vieja naturaleza que aún nos asedia.

Esto trae otro mal, que es como consecuencia de lo anterior. Al perderte de vista, buscamos saciar nuestra sed, nuestra necesidad espiritual, en otros lugares; la filosofía de la época, el razonamiento de mentes entenebrecidas, los deseos del corazón, que es engañoso. No nos damos cuenta que dejamos la fuente para beber en cisternas rotas, dejar el manantial de tu gracia para beber en charcos y residuos.

Ayúdame, Señor, para que esto no me ocurra, mantenme muy cerca de ti, si doy un paso hacia atrás, trae sed a mi alma, pero solo sed de ti y de tu palabra.

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