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Yo soy la puerta

240915 YO SOY la Puerta 770x578Leer Juan 10:1-18

El mundo presente tiene muchas cosas buenas, Dios lo hizo para nuestro bien aunque no lo apreciemos y cuidemos como merece, pero a veces se describe en la Escritura como tinieblas (Mateo 4:6), como un desierto (Lucas 15:4) o un monte lleno de peligros (Mateo 18:12), y a nosotros, como ovejas indefensas en medio de ladrones, salteadores y lobos (Juan 10:8-12), perdidos y hambrientos, en necesidad de refugio.

Pero Dios, que es Santo para no permitir el pecado o mancha alguna en su presencia y, justo para castigar cada una de las ofensas hechas (Salmo 5:5), en su misericordia, ha preparado un lugar sublime para los suyos, el redil adecuado para sus ovejas. Es el refugio ante el peligro, la seguridad ante los enemigos, el lugar de descanso y alimento. El redil de Dios es la salvación, salvación de nosotros mismos, de nuestras debilidades, flaquezas y pecados, de nuestro enemigo el diablo, así como de nuestro enemigo final, la muerte. Es el lugar al que la gran mayoría querría entrar, aunque niegan su necesidad ahora y la realidad de Dios mismo.

Para entrar en este lugar Dios ha establecido una puerta. Es una puerta sencilla, de corral, sin atractivo (Isaías 53:2), puerta estrecha (Mateo 7:13), pero es única y no hay otras, y esa puerta es CRISTO. A la gente le gusta las puertas anchas (Mateo 7:13), cómodas, puertas grandes y ostentosas de palacios y catedrales, llenas de adornos, de rituales, de estatuas y vírgenes, pero estas son falsas, vanas, que no llevan a nada o llevan a la perdición (Mateo 7:13), engaños del maligno y de la imaginación humana. El Cristo bíblico, el Cristo despreciado, desnudo, solo, ensangrentado, el Cristo de la cruz, es el único acceso al Padre (Juan 10: 11, 15, 17, 18), al redil, al cielo, “Jesús dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Otros medios para entrar no son aceptables ni accesibles, y por tanto quien diga lo contrario miente, solo busca alimentar sus propios deseos y ambiciones (Juan 10:8, 10), llevados por su imaginación (Jeremías 9:14; 13:10; 16:2; Hechos 17:29). Harás mal en escucharlos y seguirlos, pues estarás siguiendo otro evangelio, que te hará maldito ante los ojos de Dios (Gálatas 1:6-9) y te llevará a la perdición. Recuerda siempre que estos asalariados son cobardes (Juan 10:12) e incluso a veces lobos vestidos de ovejas (Hechos 20:29-30; Mateo 7:15; 2ª Pedro 2:1-3).

Deja entonces que te diga con fuerza y convicción que entres, no te quedes a la puerta, no te conformes con la poca hierba seca que te puedas encontrar en tu camino. Detrás de la puerta, en Cristo, te esperan verdes prados, una mesa dispuesta y aderezada (Salmo 23:2-5). Ahora es el momento, en el nombre de Cristo, de que vengas, que le llames, llama y se te abrirá, “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá (Mateo 7:7); “Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:24). Es Él mismo el que te invita (Juan 10:3, 4, 16). Si estamos dispuestos a hacer todo lo posible por la salud, el bienestar por el cuerpo etc. ¿por qué no por el alma que es eterna? (Mateo 16:26)

Tengo que terminar con una terrible advertencia. La puerta no estará siempre abierta, un día el Padre la cerrará (Lucas 13:25), ya no se aceptarán tus lamentos y solo quedarán tinieblas “Echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 22:13), aun más terribles que las de ahora (Mateo 25:10-12). Si no lo hiciste, ¡ven!, ¡ahora!, ¡ya!, entra por la puerta de salvación que es CRISTO.